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Las Hurdes, país de leyenda (1922 España) El viaje de Alfonso XIII

  • Las Hurdes, país de leyenda (1922 España) El viaje de Alfonso XIII

En 2022 se cumplirán 100 años de la visita de Alfonso XIII a las Hurdes y a La Alberca. Documental de la visita que el rey Alfonso XIII realizó a caballo a la entonces olvidada zona de Las Hurdes. Fotografiado por Armando Pou. Presentación en video de la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, con los materiales originales recuperados por Basilio Martín Patino depositados en Filmoteca Española.

El viaje comenzó el 20 de junio de 1922 y finalizó el 24 del mismo mes y año. Las personas que acompañaron al monarca en su viaje a las Hurdes fueron:

El Sr. Piniés, ministro de la gobernación.
El Jefe de la Casa del Rey, duque de Miranda.
Los doctores Marañón, Varela, Bardají y Goyanes.
El teniente coronel Obregón.
El Sr. Pèrez Argemí, ingeniero de montes y que era un estudioso de Las Hurdes.

El viaje fue filmado por el director de fotografía Armando Pou, que viajó en la comitiva de Alfonso XIII junto con el doctor Gregorio Marañón y otras autoridades.La cobertura informativa fue realizada  por el fotógrafos de prensa Campúa, y como redactor  José García Mora, del diario El Debate

 

Fuente: La Vanguardia.

La comitiva real llegó al pueblo a bordo de automóviles. Los esperaba el obispo de Coria con todo el boato. Aquella noche, Alfonso XIII se alojó en la casa de Acacio Terrón, un vecino de la localidad. Su familia ha conservado la estancia intacta, inalterada, salvo la púdica omisión del orinal y la incorporación de una fotografía del soberano con una cariñosa dedicatoria.

La mañana siguiente, 21 de junio, la expedición real emprendió la marcha. Querían adentrarse en el corazón del territorio, allá donde no llegaban las carreteras: recorrerían 150 km, se desplazarían a pie o a caballo, y dormirían en tiendas de campaña. Los primeros pasos los dieron en el valle del río Los Ángeles. Además del monarca, el grupo incluía al Duque de Miranda, jefe de la Casa Real; Vicente Piniés, ministro de Gobernación; los médicos Gregorio Marañón y Ricardo Varela; el periodista José García Mora, cronista de la marcha; el fotógrafo Campúa, quien la ilustraría; el ingeniero de montes Santiago Pérez Argemí, gran conocedor de las Hurdes; y el ayuda de cámara del soberano, el teniente coronel Obregón.

Los nueve expedicionarios descubrieron pronto por qué se compara la comarca con un mar de sierras: su horizonte es una secuencia de montañas que se suceden hasta el infinito. En las empinadas laderas, los encinares conviven o se alternan con extensiones de brezos, jaras y otras plantas aromáticas. Para arañar un poco de tierra cultivable, el hombre se ha visto obligado a esculpir diminutos bancales en las zonas más cercanas a los pueblos, pequeñas alquerías, minúsculos vecindarios que se suceden cada pocos kilómetros.

Es probable que la comitiva se detuviese en Azabal para admirar sus grabados rupestres, unos vistosos petroglifos prehistóricos. A poca distancia está el Astillo de los Moros , un dolmen en el cercano vecindario de Perote (Pedro Muñoz).

Poco antes de llegar a Pinofranqueado, Alfonso XIII se sintió molesto por el calor y se dio un chapuzón en el río Los Ángeles, completamente desnudo. Eufórico por la vivificante experiencia, el Rey pidió al fotógrafo Campúa que captase el momento. El artista entregó una copia de la imagen y el cliché original al rey, pero eso no evitó que la fotografía se difundiese y popularizase años después, en tiempos de la República.

El actual pueblo de Pinofranqueado cuenta con un interesante Centro de Documentación de Las Hurdes, donde se ofrece mucha información sobre estas tierras.

Diversos personajes públicos habían denunciado la situación de abandono de la comarca: José María Gabriel y Galán, Miguel de Unamuno, el hispanista francés Maurice Legendre... Sin embargo, quien empujó a Alfonso XIII a aquella aventura fue Gregorio Marañón, autoridad mundial en endocrinología... y médico personal del soberano. El galeno había visitado la zona para redactar una Memoria sanitaria sobre el estado de Las Hurdes. Sus conclusiones pusieron los pelos de punta: diagnosticó la expansión masiva del paludismo y el tifus, propiciados por la insalubridad de las aguas, la falta de higiene y, en general, las miserables condiciones de vida de los jurdanos. Marañón no era un radical ni un histérico, Alfonso XIII lo sabía.

En la alquería de Cambroncino, la comitiva se detuvo en la iglesia de Santa Catalina o de las Lágrimas, del siglo XVIII. Pinos y olivares envuelven el vecindario, que el grupo abandonó camino de Vegas de Coria -donde almorzó-, Rubiaco y, finalmente, de Nuñomoral, donde acamparon. Los expedicionarios cenaron dentro de las tiendas, atendidos por los lugareños. Cuando llegó el momento del café, el ministro Piniés comentó su preferencia por tomarlo con un chorrito de leche. No había vacas, ovejas ni cabras en el núcleo, pero ese hecho no arredró a un solícito vecino, quien regresó con una pequeña cantidad de líquido. Mientras el político saboreaba su cortadito, le informó de que podía tomarlo con total confianza, ya que la leche era de su propia mujer y, «por cierto, muy buena».

Unos kilómetros de marcha separan Cambroncino de Nuñomoral. La bonita plaza reúne el ayuntamiento y la iglesia, construidos en mampostería. La siguiente parada, Cerezal, se asienta en la confluencia de tres ríos: el Hurdano, el Malvellido y el Arrocerezal. Tiene fama de ser el pueblo más frío de Las Hurdes, y también, una escuela de grandes tamborileros: aquí nacieron músicos carismáticos, como el Tío Venancio, el Tío Miranda o el Tío Mingo. Cerezal tiene, asimismo, uno de los últimos bosques de tejos que perviven en la península Ibérica, aunque su acceso es un poco enrevesado; conviene pedir orientación a algún lugareño.

Martilandrán cuenta con apenas 150 habitantes, varios de los cuales dominan una técnica en peligro de extinción: la artesanía del corcho, alimentada por la abundancia local de alcornoques. Llaman la atención las colmenas de corcho, y también la talla de utensilios domésticos o diferentes adornos.

Merece la pena aprovechar la estancia para refrescarse en alguna piscina natural del río Malvellido, el mismo que acompaña la caminata hasta Fragosa. Pasado ese núcleo, el río obsequia con una secuencia de meandros de una perfección geométrica. El Malvellido hilvana vueltas y revueltas, algunas delimitadas por paredes de pizarra con doscientos metros de altura.

Una secuela del viaje de Alfonso XIII fue la creación del Real Patronato de Las Hurdes, que encargó y publicó varios estudios sobre la situación comarcal. Además de consignar las denuncias sanitarias del doctor Marañón, el organismo identificó otros tres problemas muy graves: el analfabetismo generalizado; la escasez y mal estado de las vías de comunicación; y los males espirituales y morales de la población. Para paliar estos últimos, el Patronato planteó la construcción o reconstrucción de iglesias en todos los núcleos habitados, y la asignación de curas párrocos.

El Gasco conserva uno de los mejores conjuntos de arquitectura negra , la construcción tradicional en la comarca. Se basa en materiales cercanos y abundantes: piedra, madera, y pizarra para el techo. Las mayoría de las casas que vio Alfonso XIII eran de una planta y pequeñas. En su interior convivían una zona familiar con alcoba y cocina, y las cuadras, destinadas al ganado. Las viviendas presentaban pocas aberturas y hasta carecían de chimenea para la salida del humo. Quedan bastantes construcciones así en la parte alta de El Gasco, si bien no se emplean ya como domicilios, sino para el almacenaje de herramientas y otros enseres. Estrechas y pendientes, las calles del barrio se adaptan a un terreno abrupto y con importantes desniveles. Abundan los callejones sin salida. El Centro de Interpretación de la Casa Hurdana reproduce una de aquellas viviendas tal como eran hace un siglo, cuando aún se les daba el uso original.

Antes de alejarse del municipio, conviene explorar el Volcán de El Gasco, un cráter causado por el impacto de un meteorito. El paraje está declarado de Interés Científico.

Casares de las Hurdes es reputado por sus canciones tradicionales, algunas muy valoradas por los etnógrafos. El siguiente destino de la comitiva real fue Ladrillar, asentado entre montañas cubiertas por pinares, castañares y robledales. Multitud de límpidos riachuelos rompen en cascadas en torno al pueblo, o se remansan en balsas, pozas o playas. El municipio linda con el salmantino valle de Las Batuecas.

Poco después de rebasar Cabezo se llega a Las Mestas, donde un enebro centenario, declarado Árbol Singular, ya saludaba a los visitantes en 1922. Sobrecogido por lo visto a lo largo del viaje, Alfonso XIII ordenó la construcción de una factoría en este núcleo, un gran edificio que concentrase los servicios sanitarios, la escuela, una estafeta de correos y el cuartelillo de la Guardia Civil. Se pretendía llevar la medicina, la instrucción, la comunicación y la ley a una comarca dejada de la mano de Dios. Otras dos factorías similares se levantaron en Caminomorisco y en Nuñomoral.

Cuando Luis Buñuel filmó su película ‘Tierra sin pan’ en 1933, la situación de la comarca no había cambiado

Por desgracia, los deseos del monarca superaron ampliamente a las inversiones, y aún más a los resultados. Cuando Luis Buñuel filmó su película Tierra sin pan en 1933 , la situación de la comarca no había cambiado. Habría que esperar al tardofranquismo y, sobre todo, a la democracia para que la calidad y el nivel de vida de los jurdanos experimentasen un incremento decisivo.

A las siete de la tarde del 23 de junio de 1922, la comitiva real llegó al monasterio de Las Batuecas, donde hicieron su última pernoctación en la comarca. A la mañana siguiente se reencontrarían con sus automóviles, y con los habitantes del salmantino pueblo de La Alberca, quienes acudieron a su encuentro engalanados con sus mejores galas.

La Ruta de Alfonso XIII está perfectamente señalizada y permite reproducir el recorrido hecho por el rey. Se puede pedir información sobre ella a la oficina de turismo de Las Hurdes.

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